IRENE ORTIZ

UN ALMA

Publicado el 28 julio 2016

Una habitación, un sentimiento. Un ordenador, un escritor. Una canción, un oyente. Una cama, un cuerpo. Un cuerpo, un alma.

Hay un alma que bebe agua que no es sagrada, que se alimenta de frutos prohibidos. Hay un alma que no es feliz y lo oculta debajo de toda la grasa que compone el cuerpo. Hay un alma que comparte su dolor con las teclas que forman el teclado de su único refugio. Hay un alma que quiere ser libre. Hay un alma que se quiere apagar como la débil llama de una vela. Hay un alma que está intoxicada. Hay un alma que necesita amor. Un amor que le acompañe en el viaje de su vida, que le ayude a atravesar el camino de piedras que el viento arrastra con fuerza para comprobar si Dios les creo con capacidades suficientes para sobrevivir. Hay un alma que comenzó su viaje con ganas de avanzar cada vez más, de llegar lejos. Que empezó con vida. Que empezó agarrada de la mano de otras almas que fueron mostrándole y enseñándole el camino y que ahora esas almas ya se están soltándo, porque es ahora cuando debe descubrirlo por sí misma. Hay un alma que se siente solitaria. Que ha llegado a una parte del camino donde es muy difícil avanzar. Donde se ha dado cuenta de la verdadera finalidad por lo que estos caminos son creados especialmente para ellas, para cada alma. Cada una con uno distinto, más difícil o más fácil, da igual, la única meta es llegar al final con valentía, con superioridad, con pasión, con luz, con ilusión.

Hay un alma que baila sin fuerzas al son de una canción que el cuerpo de un oyente escucha encima de la cama de su habitación mientras escribe un sentimiento en su ordenador. ¿Le quieres ayudar?

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