PEQUEÑAS HISTORIAS


PUZZLE IMPERFECTO
Y de un día a otro, de la noche a la mañana todo cambia, inesperadamente para mi. Aún no entiendo que tipo de cortocircuito se produjo en tu mente. No éramos el puzzle perfecto pero me hacías sentir como si lo fuéramos. Porque no éramos nada. Aunque por un momento llegué a imaginar que podríamos haberlo sido todo. Porque yo tenía mil primaveras que regalarte. 
No hablábamos mucho, pero cuando tu mirada se adentraba en la mía solo un segundo, hacía temblar mi mundo todo un día. Aunque se que no llevaban un sentimiento oculto. Me dijeron que lo intentara. Y lo intenté. Y fracasé, pero tú también. Por no haberme dejado mostrarte todas las flores y mariposas que revolotean en mi interior. 

LA CHICA TRANSPARENTE

La
miré. No paraba de articular palabra, de hablar de esto y de aquello
de una manera peculiar, gesticulando continuamente. Sabía que estaba
nerviosa, tartamudeaba y sonreía sin parar. Apenas apartaba la
mirada del movimiento que hacía con los pies de un lado a otro, ni
siquiera era capaz de alzar la mirada para encontrarse con mis ojos.
Pero no me hizo falta observarlos para deducir que ella estaba
enamorada de mi. No era la típica chica caracterizada por unos ojos
delatadores de cualquier sentimiento oculto bajo llave. Era ella, que
sin quererlo, lo decía a gritos. Y me encantaba, eso la hacía ser
especial, bonita, más de lo que ya era.

Reinó
el silencio un instante, o tal vez podría decir que el tiempo se
detuvo para mi cuando su mirada al fin se cruzó con la mía. Me
sonrió y sentí cómo un escalofrío recorría mi cuerpo haciéndome
temblar sin querer. Por un momento pensé que nos habíamos
intercambiado los papeles: Yo, aquella chica tímida capaz de delatar
su sentimiento más íntimo sin pronunciar palabra, y ella, aquel
chico rebelde que observa la desnudez de su alma, como si fuera la
escena más bonita de una película de amor donde ellos mismos son
los protagonistas que se aman aún sin afirmarlo.

DESCONOCIDOS
Y volvemos a convertirnos en dos desconocidos que no saben que exiten. Que ni se miran cuando caminan, cuando sus prendas se rozan por la multitud que tapona el pasillo del instituto. Dos desconocidos que ya no se piensan, ni recuerdan que se han amado hasta desangrarse y han vivido aportando cada pedazo de vida a su otra mitad. Ahora somos dos desconocidos que no desean cruzarse, que no desean conocerse más a fondo, que solo quieren permanecer en el olvido de sus corazones. Y es que no quieren volver a amarse, no quieren volver a caer en la misma red, en el mismo error.
Ella, porque sufrió mucho. Lloró hasta secar los océanos y deshidratarse. Escuchaba rutinariamente canciones tristes con las que alimentar al hambre y coser las cicatrices que provocaron las mentiras. No comprendía que pudo haber hecho mal para merecer caer en un agujero profundo en la tierra.
Él, en cambio, porque ya la había olvidado con otra.
Y ahí estaba la respuesta, no hacía falta comprender nada, simplemente no era el chico perfecto que aparentó ser.

RECUÉRDAME
Abrí de nuevo su chat, pero esta vez decidido a mandarle ese mensaje que podría ser el inicio de una nueva vida o el final de una llama. Escribí esas cuatro palabras "Te echo de menos" y tardé 5 minutos en darle a 'Enviar'. El miedo me corroía por dentro haciendo que mis manos empezasen a temblar con brusquedad. Ese 'En línea' me cortó la respiración. Joder, creo que nunca había estado tan nervioso. Lo lee. Responde con un emoticono de expresión dudosa.
- Necesito otra oportunidad, no puedo vivir sin ti.
- No quiero volver, lo siento...
Creo que fueron las palabras más duras que jamás mis ojos habían leído. Y en ese mismo instante empezó a sonar la canción 'Recuérdame'. Creo que esas debieron ser las últimas palabras que debería haberle dedicado. Yo lo haré siempre.

SABOREAR LA VIDA

Me miraste extraño. Hice amagos de abrir el paraguas para no mojarnos al salir del cine. Me arrebataste el paraguas de las manos y dijiste con una sonrisa: '¿Qué pretendes?' 
Agarraste mi mano con fuerza y tiraste de mi para correr bajo la lluvia. Corrí como si no hubiera un mañana, apretando su mano con fuerza como si fuera la única persona que me quedara en el mundo y no quisiera perder jamás, chapoteé millones de charcos que mojaron aún más mis zapatos de charol y maldije el momento en el que se me ocurrió alisarme el pelo sabiendo que después habría tormenta. Llegamos a mi portal, asfixiados. Él reía. Yo no tenía ganas de hacerlo.
- Eres un imbécil.
- Solo te importan las baratijas que compras y tu imagen.
Quise soltarle una bofetada pero permanecí inmóvil. Le miré y entonces entendí que unas bonitas prendas no me iban a hacer feliz. Que hasta ese momento no aprendí a saborear la vida y los placeres que trae.



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