IRENE ORTIZ

LA INFANCIA

Publicado el 24 agosto 2016

Recuerdo cuando era niña, cuando me encantaba despertarme temprano y ver los dibujos animados en la televisión. Levantarme temprano para aprovechar el día al máximo y tener más tiempo para jugar con mis juguetes y mis amigos. Ahora solo me apetece quedarme 5 minutos más saboreando el olor a mañana desde la cama cuando me suena la alarma. Recuerdo que me gustaba correr detrás de miles de palomas para ver como emprendían el vuelo. Que me gustaba hacer carreras con las gotas de lluvia, escribir o dibujar en coches sucios e ir por la calle sin pisar las losas rojas creyendo que eran fuego. Recuerdo que protegía mis rodillas o codos de cualquier rasguño contra el suelo. Ahora solo me encargo de proteger mi débil corazón. Que todavía recuerdo que me gustaba columpiarme muy alto y creer que en algún momento alcanzaría a tocar el cielo, que las nubes eran de algodón. Recuerdo que podía tirarme tardes enteras jugando con mis barbies imaginando historias de amor para ellas y ahora solo imagino historias de amor para mi. Aún recuerdo esas Navidades y Semanas Santas en casa de la abuela, divirtiéndome con mis primos, jugando a la wii o play station, con risas infinitas. Cuando no quería que acabaran esas vacaciones, cuando recuerdo el miedo que tenía de ver como mis primos y yo ibamos creciendo y todos estos momentos se iban perdiendo... Hasta ahora, que han acabado para siempre. Recuerdo los nervios que sentía la noche anterior de Reyes y la ilusión al ver todos los regalos que pedí al lado del árbol de Navidad. Que todavía recuerdo esos veranos interminables que al final se me hacían pesados y deseaba volver al colegio, ver a mis compañeros de clase y estrenar nuevas libretas y lápices. Que una de mis pocas preocupaciones era no salirme de la línea cuando coloreaba. Veranos que pasaba tanto en mi casa como en la casa del campo de mi abuela, con mis primos una vez más, creyéndonos detectives, investigadores en busca de monedas antiguas en la acequia, disfrutando del maravilloso aire fresco, el agua helada de la piscina y noches observando el maravilloso cielo de la noche oscura. Recuerdo que tuve como 3 álbumes de pegatinas y me encantaba intercambiarlas. Recuerdo cuando jugaba al dominó con mi abuelo o al futbolín y él me dejaba ganar solo por ver una sonrisa en mi rostro. Sí, lo recuerdo.
Recuerdo ser una chica inocente que deseaba crecer y ser mayor. El problema es que no era consciente de que estaba pasando por la mejor etapa de la vida, la infancia. Aquella que nunca volverá.

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