IRENE ORTIZ

EL VIAJE

Publicado el 2 agosto 2016

"Una vez que el virus viajero te pica, no hay antídoto posible; y se que estaré felizmente contagiado el resto de mi vida."

-MICHAEL PALIN


Un largo viaje comienza a las 6:30 de la madrugada cuando aún los pájaros duermen, cuando aún quedan estrellas en el cielo, cuando aún las farolas iluminan las oscuras calles de la ciudad. El coche circula con velocidad por la autovía, mi cabeza está apoyada contra la ventana y mis ojos cansados se van cerrando lentamente. Mi mente sigue zarandeandose al ritmo que mis oídos captan la dulce y potente voz de Adele sonando en un CD.

Una luz rojiza hace que vaya desapareciendo lentamente la oscuridad de la noche y mostrandose sobre el cielo una mezcla de colores anaranjados y azulados. Mis almendrados ojos se abren y puedo ver una gran bola naranja apareciendo de entre las montañas. Es precioso poder disfrutar de amaneceres como estos, considero que es una de las mayores maravillas de la vida. La enorme bola naranja y amarilla me acompaña durante unos minutos hasta que se va elevando hacia un cielo cada vez mas azul y convirtiendose en una bola más pequeña y amarilla. Ya vuelve a ser ese Sol que se muestra en el cielo y que todo el mundo esta acostumbrado a observar y quejarse de él por el calor que llega a provocar en determinadas horas en un pleno mes de Agosto.

Un cohete pequeño gris y rojo despega con fuerza y viaja hasta el espacio estelar donde choca con una estrella y la hace explotar. Es entonces cuando me doy cuenta que mi mente quería darme una señal, tal vez decirme tras un pequeño sueño que todo se puede conseguir, que los sueños se hacen realidad y que hasta lo mas inalcanzable es alcanzable por muy dificil que parezca.

Un viaje en coche da para muchas cosas. Algunos piensan que es aburrido, pero pensar que lo es acaba por convertirse en algo inaguantable. Hay que saber disfrutar del paisaje, poder despejar tu mente con la música que más te agrada, pararte a pensar, en tí, en tu vida, encontrar la solución a problemas pendientes, bajar la ventanilla y sentir como el aire acaricia tu cara y tu cabello se siente libre. Un viaje es bueno cuando se sabe disfrutar.

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