IRENE ORTIZ

Alexiévich y la cara oculta de la guerra

Publicado el 2 febrero 2021

La guerra no tiene rostro de mujer es un libro de Historia, pero no un libro de Historia como otro cualquiera; no dice cuándo empezó ni terminó la guerra, ni cómo, ni habla de Stalin y Hitler en profundidad, ni en sí, de la táctica militar. No habla de los avances, de las derrotas y las victorias. Este libro es un libro de Historia, pero de historia humana. Este libro relata la II Guerra Mundial desde el punto de vista femenino. El masculino ya lo conocemos todos.

Svetlana Alexiévich, que recibe el Premio Nobel de Literatura en 2015 por la obra, permite pronunciarse a aquellas mujeres que han sido silenciadas durante décadas y que esconden una verdad tan verdadera como las demás y diferente a la que siempre se cuenta: la realidad de los sentimientos y emociones, del dolor y del sufrimiento. La obra recoge la verdad de la vida en la guerra. Y la vida, aunque sea contada de diferentes perspectivas, es historia.

La guerra no tiene rostro de mujer de Alexiévich recoge un grandísimo trabajo periodístico. Basado en el testimonio de cientos de mujeres, Alexiévich no solo tiene la virtud de la paciencia para elaborar un ensayo tan pausado y largo, con sus rechazos y sus miles de cintas de grabación, sino que sabe qué es lo que tiene que preguntar. El buen periodista es el que tiene capacidad para ello, y ella, sin duda, lo tiene. Consigue exprimir hasta conseguir el máximo detalle y ganarse la confianza de sus entrevistadas. Es capaz de recopilar y abarcar en una misma obra temas diversos, sin dejar en el tintero alguno por tratar.

La obra posee, por tanto, un ritmo literario particular, de manera que seccionando cada tema en un capítulo diferente hace que la historia tenga un orden cronológico y lineal, permitiendo organizar todos los testimonios de un mismo tema en un mismo capítulo. El orden es tal que empieza por cómo consiguieron alistarse en la guerra y sus ganas de luchar y termina por el fin de la guerra, el ahora, el ya recuerdo, las inmensas ganas de vivir después de todo. Entre medias trata temas como los diferentes trabajos ejercidos, la propia esencia femenina en un sitio donde prohibían serlo o incluso el amor y la compasión por los demás.

Las citas aparecen completas y al natural, de manera que permite aportar al ensayo una mayor sensación de credibilidad y mostrar el corazón abierto de las personas sin edición narrativa. Tal vez, una narración reportajeada hubiese aportado detalles del ambiente de la entrevista, de qué gestos hacían, de los silencios, de cuándo lloraban al recordar qué cosa… Sin embargo, este modelo de citas sin edición simula una conversación real con aquellas mujeres y te hace sentir la perfección de la propia historia. Es un libro que consigue transportarte a la época vivida e incluso, reencarnarte y empatizar con cada una de las víctimas.

Cuando trata de aportar su opinión, Svetlana Alexiévich no se excede al hacerlo. Es justa y correcta en sus palabras. Además, la inclusión de ciertas anotaciones de su diario personal al comienzo de cada nuevo capítulo permite contextualizar el momento, es decir, nos permite una visión más concreta de la situación en la que se desenvuelve. Con sus razonamientos y dudas nos anticipa a lo que leeremos después, para luego, dejar en nuestra mano, con ayuda del relato de cada testimonio, definir nuestra propia idea de lo acontecido.

La guerra no tiene rostro de mujer hace referencia a todas aquellas mujeres rusas que lucharon al frente de sus tropas para defender su patria al igual que los hombres. No tiene rostro de mujer porque la única guerra que se conoce es la de los hombres que son condecorados. No tiene rostro de mujer porque la vida en la guerra siempre ha sido de hombres, soldados, guerrilleros. La tierra, las trincheras y las armas nunca han sido para las mujeres. No tiene rostro de mujer porque hasta la vestimenta y la apariencia tenía que ser de hombre (el corte de pelo, las botas y trajes militares de grandes tallas…). Con la lectura de esta obra me doy cuenta de que la guerra, a pesar de aceptar la mano de la mujer para trabajar, siempre ha sido machista.

Y una vez terminado el libro, yo me pregunto: ¿Qué precio tenía la guerra? ¿A qué precio se jugaba a matar? ¿Solo la única victoria? Victoria política, pero ¿y la personal? ¿Quién te devuelve, después de todo, una vida normal? Las personas que cuentan esto, ya no son aquellas niñas que una vez fueron en la guerra. De ellas, ya solo queda el recuerdo… No he venido a destriparte el libro, he venido a convencerte de su lectura, quiero dejarte sorprender con cada historia. Tamara Stepánovna, cabo mayor de Guardia y técnica sanitaria dijo: “Nuestro grito debe guardarse en algún lugar del mundo”. Gracias a Alexiévich, este grito queda sellado en la eternidad, pero es que, gracias a nosotros, lectores, mantenemos vivo ese recuerdo que pretende quedar olvidado.

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